Estudio analiza las políticas de acceso inclusivo en carreras y universidades de élite

Análisis de investigadores de la U. Autónoma, del CEPPE de la UC y del CIAE de la U. de Chile reveló que, aunque promueven políticas de acceso inclusivo, las universidades y carreras de élite lo hacen de forma controlada.

Las universidades y carreras de élite en Chile son agentes activos en la creación de estatus de privilegio y, aunque todas desarrollan estrategias de inclusión buscando ser un motor de movilidad social, su “apertura” a la diversidad es controlada.

Esta es una de las conclusiones de la investigación “Las élites académicas universitarias en Chile. Perfiles, vivencias y percepciones sobre el éxito del alumnado y el rol de las instituciones universitarias de élite en los procesos de reproducción y movilidad social”, realizada por Maria Luísa Quaresma (Universidad Autónoma de Chile), Cristóbal Villalobos (CEPPE, Pontificia Universidad Católica de Chile) y Juan Pablo Valenzuela (CIAE, Universidad de Chile) y financiada por CONICYT, FONDECYT Regular 1170371.

El estudio -cuyo desarrollo tomó más de tres años- incluyó seis carreras: Medicina, Ingeniería Comercial, Ingeniería Civil, Derecho, Literatura y Actuación, de cinco prestigiosas universidades, tanto públicas como privadas: Universidad de Chile, Pontificia Universidad Católica de Chile, Universidad de Santiago, Universidad Adolfo Ibáñez y Universidad de Los Andes. En total, se encuestaron a 2.341 estudiantes de todas las regiones del país; se entrevistaron diversos actores educativos, como directivos, docentes y egresados; y se realizaron observaciones directas en las instituciones.

Una de las aristas que la investigación buscaba dilucidar era el rol de las universidades en los procesos de movilidad y/o reproducción social, es decir, en las posibilidades de ascenso social o de mantención de la estructura social. Al respecto, se concluyó que las estrategias de inclusión de alumnos diversos tienen alcances ´tímidos’ y son variadas en función del tipo de institución: “Mientras algunas carreras y universidades focalizan su acción en el apoyo económico a alumnos con mérito; otras se abren a estudiantes con algún tipo de talento, pero sin modificar los niveles de exigencia de ingreso. A pesar de estas diferencias, todas comparten la idea de que esta apertura a la diversidad no puede hacerse a costa de su calidad académica”, destaca la directora del proyecto e investigadora de la Universidad Autónoma, Maria Luísa Quaresma.

Esta visión es complementada por el investigador del CIAE, Juan Pablo Valenzuela, quien señala que “las universidades tradicionales más prestigiosas del país sistemáticamente han ampliado la diversidad social de sus estudiantes, mediante nuevos mecanismos de acceso y financiamiento generados por las políticas nacionales y también por el desarrollo de estrategias propias”. Agrega, sin embargo, que “estos mecanismos siempre están vinculados a un alto desempeño académico, ya sea en términos de los mecanismos regulares de acceso (pruebas estandarizadas y notas en enseñanza media) o en relación a sus compañeros de liceo”. En ese sentido, agrega que “en un país como Chile, donde la desigualdad en el desempeño escolar está muy vinculada a la posición social de origen de los estudiantes y sus familias, para avanzar más rápido en la  diversidad social de las universidades y carreras de elite, es indispensable que las estrategias de las propias universidades para lograrlo, más allá de las políticas nacionales, tengan que ser más relevantes y creativas”.

Origen social del alumnado

Respecto de las similitudes entre las universidades de élite, se destacan aspectos como el origen socioeconómico de los estudiantes, quienes pertenecen en su mayoría a las clases altas y medias-altas, su excelencia académica y el éxito laboral de sus egresados.

En contraste, las diferencias entre estas universidades se relacionan con sus distintos niveles de prestigio educativo (universidades privadas versus públicas; tradicionales versus nuevas universidades), las distintas posibilidades que dan a los egresados para insertarse en posiciones de poder y liderazgo y los distintos proyectos educativos de estas instituciones, unos más preocupados con el servicio público (universidades públicas); otros con la formación de profesionales para el ejercicio de posiciones de liderazgo empresarial; otros con la educación en valores cristianos.

En términos del origen social del alumnado, el análisis mostró que los estudiantes que asisten a estas carreras y universidades provienen de familias con elevado capital económico, residen en comunas del cono de alta renta (zona nororiente de Santiago), cuyos padres ocupan posiciones de gestión de empresas y cuyos ascendientes (padres y abuelos) terminaron, en su mayoría, la educación superior. Además, estas familias comparten altas expectativas en estos alumnos y, a lo largo de su formación académica, se han involucrado en sus tareas escolares. Respecto a sus estudios secundarios, los encuestados de estas universidades cursaron su educación básica y media mayoritariamente en colegios particulares pagados (66% de la muestra). En contraste, los estudiantes provenientes de colegios particulares subvencionados son un 24% de la muestra, mientras que la educación municipal comprende solo un 10% de ella.

Estas características hacen que los alumnos de nivel socio-económico medio y bajo declaren vivenciar dificultades para encajar, en los primeros años, en el contexto social de élite, teniendo problemas para identificarse con los otros y, en consecuencia, para hacer amigos en el espacio universitario.

“Además, algunos de estos estudiantes relatan dificultades de adaptación académica, principalmente por la falta de estrategias de estudio y uso adecuado del tiempo, pero también porque las clases exigen un background cultural que ellos no comparten, generando una sensación de “hacer preguntas poco pertinentes” lo que a la larga les autoexcluye de la participación dentro de la sala”, agrega Quaresma.

Otros estudiantes viven dificultades de adaptación social, lo que se expresa en la percepción de estar insertos en ambientes socialmente cerrados y, en algunos casos, extremadamente conservadores. Incluso hay algunos que describen situaciones de discriminación por parte de los docentes hacia todos los que se encuentran “fuera del estándar” y perciben la existencia de un “arquetipo” de alumnos, que responde a cierto fenotipo, valores y rendimiento académico, al que deberían responder.

“Gran parte de este grupo se siente como ´pez fuera del agua´ en estas instituciones, lo que les produce miedos, inseguridades y frustraciones”, añade la investigadora.

Excelencia y éxito

La investigación también destaca que, si bien los estudiantes comparten similares percepciones sobre la excelencia y los factores de su éxito, ellos no defienden mayormente el mérito como causa de su éxito ni asocian mayormente la excelencia a la dimensión académica. Sin embargo, el ideal meritocrático no es descartado de sus visiones del mundo y de la justicia. Una sociedad justa es así, en su opinión, una sociedad donde cada uno recibe lo que merece, más que una donde cada uno reciba lo mismo.

El mérito, por su parte, surge como narrativa de movilidad social, siendo la universidad un espacio fundamental en la transformación de la configuración y orden de la estructura social del país. Por otro lado, se asocia al talento y esfuerzo. En este ámbito, varias de las carreras de élite captan alumnos talentosos excluidos del sistema de selección regular, pero que, por su mérito, merecen pertenecer al grupo de “elegidos”.

 

Metodología del estudio

En esta investigación se estudiaron ocho casos, entendidos como ejemplos paradigmáticos de carreras de universidades de élite impartidas en prestigiosas universidades de Santiago de Chile. Se establecieron diferentes criterios para las carreras y universidades elegidas. En el caso de las carreras, se seleccionaron seis que representan tres grupos diferentes donde las élites tienden a estudiar:  carreras cuyos graduados tienen altos niveles de capital económico y alto reconocimiento social, como Ingeniería Civil y Medicina; carreras con altas tasas de graduados con mayor poder político y económico en el país, incluyendo Economía y Derecho; y carreras de Artes y Humanidades (Literatura y Teatro) preferidos por un segmento específico de "herederos".

En el caso de las universidades, se eligieron las dos universidades históricas del país: Universidad de Chile y Pontificia Universidad Católica, caracterizadas por su calidad académica y por la sobrerrepresentación de estudiantes de las clases media alta y alta. También se seleccionó una segunda universidad pública: Universidad de Santiago, conocida por su calidad académica y por atraer, además de la élite, a estudiantes de las clases media y media-baja que pueden vivenciar procesos de movilidad social ascendente.

Para analizar los casos, se utilizaron seis técnicas: análisis de datos secundarios y documentos institucionales; entrevistas semiestructuradas con actores institucionales (directivos/as, docentes y presidentes de los Centro Alumnos); observaciones no participantes de espacios diarios y ceremonias oficiales; encuestas a estudiantes de diferentes carreras y universidades; entrevistas a egresados y entrevistas en profundidad a estudiantes.

Finalmente, se incluyeron dos universidades privadas, creadas recientemente (Universidad Adolfo Ibáñez y Universidad de los Andes) y caracterizadas por recibir principalmente estudiantes de escuelas privadas selectivas y sectores socioeconómicos altos.